Durante años el edificio que albergaba el Conservatorio (mudado a la avenida Brígido Terán) lució abandonado. Era una ruina, cuna de roedores y depositario de basura; un dolor de cabeza para los vecinos y una pésima imagen proyectada a la ciudad desde San Martín al 1.000. El Ministerio de Educación se ocupó de restaurar la fachada y se efectuó una limpieza general en el interior. ¿Cuál será el destino del inmueble? Lo seguro es que saldrá de la órbita de Educación, y al parecer la posibilidad más concreta es que pase al área de Seguridad.
Una caricia para el viejo Conservatorio